miércoles, febrero 21, 2007

Vicios

Si, el vicio es malo. Yo no fumo porque tengo la plena convicción de que sería una fumadora empedernida y reivindicativa de mis derechos como tal. Perteneciendo a una familia de fumadores, estoy acostumbrada al humo, aunque reconozco sus grandes inconvenientes. Pero he visto a mi madre, padre y demás relajarse con un cigarrillo, disfrutar con ellos, ganárselos, invitar... Y en la facultad mis más compañeros salían al pasillo para echarse uno, esperaban los exámenes y sus resultados envueltos en humo y salíamos de fiesta con el tabaco de la mano. Al comenzar a trabajar, más de lo mismo. La ley antitabaco (¿?), la voluntad de cada cual y las circunstancias de cada uno, han hecho que ese vicio vaya desapareciendo de mi alrededor, así que yo, en parte, me he quedado sin contemplar ese, para mí, misterioso vicio.

Ahora estoy descubriendo otro vicio que nos une: ganar. Con temas de hipotecas alrededor, embarazos, viajes al centro de la tierra e insoportables levedades de los seres, nos estamos enganchando a la play. Claro, todos muchos más maduros. Ahora es un "voy a por ti", "todos contra fulanico (que tiene un blog, por cierto)", "¡¡¡¡eso es potra!!!!" y "¡cabrones! ¡eso no vale!" mucho más elaborado que a nuestros 10 años. Yo nunca me he considerado competitiva, claro, porque no había saboreado las mieles del éxito. Ahora me encanta ganar. Como, por lo visto, a todos. No había logrado reunir a mis amigos clásicos básicos hasta las 6 de la mañana desde hace varias nocheviejas. Pero "Buzz" lo ha logrado. Y si esto lo hablas en un bar, empiezas a oír un "A mí me gusta más el "singuestá" (esto es "Graná", no se va a decir de otra forma).

En los vicios pequeños y no demasiados insanos, nos descubrimos facetas ocultas y por eso gustan. Podemos ser traviesos, poderosos, hijoputas, complacer y ser complacidos. A mí me gusta jugar (en general), el chocolate, echar una copa con una buena charla... y antes de que esto parezca una página de contactos, todo vicio que me haga reír un rato.
(Imagen Javi Alonso)

domingo, febrero 11, 2007

¡¿Qué me estás contando?!

Esta frase acompaña a las sorpresas. A veces nos cuesta creer lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos... y encajar la idea que nos suscita. Cuando estamos conociendo a alguien y nos cuenta una historia que ha vivido, no te cuadra con la idea que te estabas haciendo y le preguntas un "¿qué me estás contando?" por si acaso no lo estás entendiendo bien. Si ya conocemos a esa persona y hace algo realmente contrario a lo que podíamos esperar, le preguntamos un "¿qué me estás contando?" y si te lo sueltan a ti, tu cara es de "eso te estoy contando".
Nuestras ideas comienzan a buscar su forma de colocarse sobre las otras, como las piezas del tetris. Hasta escuchas la musiquilla rusa que acompaña las opciones "¿la tumbo?,¿entrará ahí?". Normalmente están relacionadas estas historias con liarse con, dejar de hacerlo o repetir.

Pero este fin de semana he visto la auténtica cara de "¿qué me estáis contando?"A un amigo no le apetecía salir. Casualmente, le habíamos preparado una fiesta sorpresa. Nos pasamos el día convenciéndolo, lo medio obligamos, había gente esperándole de varias y diferentes etapas de su vida... y, al final, apareció. Lo vi pensando "¿qué hacéis todos aquí?,¿esto de qué va?"
Entendió que iba de un "te vamos a echar de menos", de un "eres capaz de llevarte bien con tanta gente diferente" y de "sólo por ti haremos una pancarta, aunque parezca que la han hecho niños de 5 años". A veces, eso es lo que estamos contando.
(Imagen: Javi Alonso)

jueves, febrero 08, 2007

La amenaza fantasma

Hay pocas cosas que te dejen más mosca que un "que mala cara tienes" cuando tú te encuentras bien. Empiezas a pensar un "¿qué me pasará? ¿será la tensión? ¿tendré ojeras? ¿será capullo/a?" Son situaciones que denotan interés, pero también un poso de mala leche (mala follá en mi tierra).

Ahora tengo amigos que se van, otros se han ido y hay por ahí quien augura que otros se irán. En principio no me preocupo, es una etapa más. Pero siempre está el que aparece con un "que sola te vas a quedar ¿no?" y esta vez no te preguntas por la tensión, si no por "¿quién se queda? ¿me tengo que preocupar por las tapas de entresemana? ¿y los planes para el fin de semana?" Luego llega la cordura a la vida y ves que, realmente, los de siempre siguen donde siempre, los que se mueven y son importantes, los encuentras... si superas la pregunta que te hace todo el mundo cuando te rodean las parejas de "¿y ahora tú qué?" como si la respuesta fuera un "coño, es verdad, voy a echarme novio", estás preparada para todo. Son simples amenazas fantasmas.