martes, abril 14, 2009

Vivir para contarlo


Somos historias. Suma de historias que toman cuerpos prestados de sus protagonistas. Somos lo que contamos que hacemos cuando nos ha dado tiempo a pensar lo que nos ha pasado. Vivimos en el momento que nos reímos de lo que ya ha pasado, en el momento en que pensamos que contaremos lo que nos está pasando, en el momento que somos conscientes de lo que pasó.
No sólo soy yo y mis circunstancias, sino yo y los protagonistas de mis historias. Los amigos que fueron amores, los amores que se quedaron en el olvido, las personas que me escucharon crujir cuando la vida quedó partida, quienes se alegran de los nuevos días, quienes apuestan por los días mejores.

Y no sólo yo y mis historias, sino las historias de quienes llegan. Tras un viaje, tras una aventura, tras una relación, tras una apuesta, tras un proyecto, tras un “cerré los ojos y salté”… llegan las historias magulladas y felices, echas masa en las que podemos meter las manos y modelarlas.

Vivimos para contarlo, para reírnos en una cerveza, para tomarnos otra porque nos la hemos ganado (¡que tampoco engordan tanto!), para escuchar un “Nati, qué solos estamos” y acompañarnos al calor de nuestras historias.

No sólo te debía un post, querido compañero de viaje, por no haberte “dedicado” ninguno. O por no ser el “masme”, pues siempre serás el mejor de los menos amigos, sino por enseñarme a que por raras que sean las historias, siempre habrá unas risas con sorbido sólo con nombrarlas.
Picia, el charleta, el pez martillo, la maldición g., son historias que nos han hecho llorar de risa, pero sobre todo, entender que por lo menos hay quien, como nosotros Esteban, vivimos para contarlo. Ya me contarás...