
Me crea muchísimas inquietud, en serio. Me atacan los prejuicios a parte iguales que la lógica, pero cuando levanto la vista del ordenador y me la encuentro... no lo puedo evitar, es ella, no hay duda. Es... ¡¡la
Barbie Biblioteca!!
Va impecable, con un conjunto de temporada independientemente de la temperatura exterior (para las "tías buenas" el verano empezó hace un mes), maquillada para lo que mi cabeza equipara a ir de boda, pelo perfecto, zapatos a juego con el interior de los pendientes, pasa de puntillas con sus zapatos de tacón para no molestar (¿por qué zapatos de tacón en una biblioteca? ¿llega mejor a la mesa?) Y el rasgo inconfundible: va a saludar a Ken. Ken, aquél chico más o menos monos, que ha olvidado donde están los ojos de Barbie, porque lo que le queda a la altura de su nariz, son las tetas de la amiga. Las que no saben de aire acondicionado que a las demás mortales nos hace sacar la rebeca de abuela, las que son independientes a la delgadez del resto del cuerpo ¡¡¿por qué al resto nos adelgaza el pecho antes que cualquier otra parte del cuerpo??!! y sobre todo ¿¿por qué a mi, si casi no tengo??
Barbie, que entre sus complementos tiene a las amigas, siempre un poco más feas, que son mucho más rentables, no va al servicio a rellenar las botellas, como las demás mortales. No, en mi investigación he comprobado lo siguiente: va a retocarse el maquillaje. Esto me hizo respirar, porque así entendí que además de bien, se maquillan mucho. Pensaban que estarían quietas, aprovechando su cuerpo sin articulaciones, para no tocarse. Pero no, afortunadamente, apoyan la cara en la mano. Ese es el gesto de tocar, en el W.C viene el de retocar.
La verdad es que les doy las gracias. Con este porte que se me está poniendo, con cara de ordenador y boca de tensión, este aprendizaje de cremas para que psicológicamente no parezca una señora, este pelo de biblioteca que en mí se traduce a más oscuro y menos rizado (sin sol y poniéndolo detrás de las orejas, y sin ser una barbie biblioteca, no puedo esperar otra cosa), me alegra verlas. Así me imagino como será una vida en la que tienes dos opciones: o madrugas porque te mola arreglarte, o te gusta tanto hacerlo que de puro vicio, sólo tardas diez minutos y los otros cincuenta, perfeccionas.
Por esta admiración y regusto de no serlo, ya que no sabría y quizás, tampoco quiera, le dedico este post a mi compa, por haberlo pensado juntas, y a las barbies biblioteca por haberme hecho reír.